Israel no es el problema

29/Abr/2015

Israel no es el problema

En esta columna de hoy, bien podría compartir
con ustedes algunos hechos históricos fascinantes de la milenaria cultura
árabe. También pensamientos y magníficas experiencias acerca de esa antigua
cultura.
Pero claro, en estos días, todas las personas
parecieran estar en carne viva, hablan, entienden y hasta pareciera que tienen
la solución a lo que está sucediendo en Gaza, con el conflicto
Palestino-Israelí. Me referiré a ello solamente de paso y, en todo caso, será
tema de un próximo análisis.
Hoy prefiero dedicar la mayor parte de mi
artículo a pensar con ustedes sobre la amplitud del escenario geográfico de
aquella región que conocemos como “mundo árabe” y al impacto de los hechos que
allí se producen, algo que abordé en varios de mis artículos y análisis por los
últimos años.
Para ello, le solicito como lector localizarse
específicamente en la zona que va de Marruecos a Pakistán, un área
predominantemente árabe y musulmana, pero que también incluye significativas
minorías de otras creencias.
Usted puede preguntarse por qué dejo de lado a
Israel y sus asuntos.
La respuesta es: porque Israel, y cualquier problema
relacionado con ese país, no importa qué pueda usted leer u oír en medios de
comunicación del mundo, no es el eje central, ni jamás ha sido el trastorno de
la zona de la que hablamos.
Contrario a ello, Israel no es parte del
problema, más bien es parte de la solución a la locura generalizada y
estimulada por el terror fanático e irracional.
La disfuncionalidad psico-sociológica de una
región
Es cierto que sí existe un conflicto
Palestino-Israelí desde más de 60 años. Pero no es allí donde se centra o
radica el núcleo del asunto principal de la disfuncionalidad arabe-islámica.
Los millones de seres humanos que murieron en
la guerra entre Irán e Irak desde 1980 y hasta 1988, no tenían nada que ver con
Israel.
Los asesinatos masivos en Sudán,donde los
islamistas están masacrando a sus ciudadanos negros no musulmanes, no tienen
nada que ver con Israel.
Tampoco con Europa o con EEUU.
Los recurrentes informes sobreLibia y el
asesinato de miles de civiles en una aldea u otra a manos de los
fundamentalistas islámicos de Al-Qaeda -los mismos a los que Europa y el
presidente Obama ayudaron a derrocar a Khaddafi- no tiene nada que ver con las
acusaciones árabes al imperialismo estadounidense, al colonialismo europeo o al
sionismo israelí.
Tampoco Saddam Hussein invadió Kuwait en su
tiempo, ni puso en peligro a Arabia Saudita, ni asesinó gaseando masivamente a
sus propios ciudadanos a causa de Israel.
Egipto no usó gas venenoso contra Yemen en los
años 60 a causa de Israel.
El fallecido presidente sirio Haffez
Al-Assadno mató en una semana a treinta mil de sus propios ciudadanos en 1982
en el pueblo de Hamma, en Siria, a causa de Israel, y lo mismo para con los más
ciento ochenta mil muertos que ha sabido generar su vástago Bachar en los
últimos tres años de la mal llamada primavera siria.
Por cierto, en el campo sirio, “es penoso
escuchar el silencio” de colegas de analistas occidentales que desgranaron
aplauso los primeros días de la revolución siria ahora que la guerra civil es
abierta ya no hablan de eso.
El control criminal del talibán en Afganistán
y la guerra civil en ese país, no tuvo nada que ver con Israel, con Occidente
ni con cualquier forma de imperialismo que haya pretendido avasallar la cultura
árabe islámica.
El terror de organizaciones como Hezbollah,
quien secuestro al Estado legal libanes, no tiene que ver con Occidente ni con
los judíos.
Lo mismo aplica para la organización
terrorista Hamas, que asesinó y depuso la autoridad de sus hermanos palestinos
representados por el presidente Mahmoud Abbas en la Franja de Gaza.
Usted puede tomarlo o dejarlo, pero si desea
continuar leyendo, deberíamos pensarlo con amplitud, mal que les pese a los
simpatizantes del terror yihadista, a los arabistas fanáticos y a la izquierda
lunática internacional.
Nada de esto, ni las masacres diarias entre
chiitas y sunitas en el Irak actual tienen que ver con Israel.
Pretender ocultar estos hechos o negarlos, no
solo no le hace bien al mundo árabe, sino que resulta una afrenta a la verdad
histórica sobre la crueldad de gobiernos y regímenes árabes para con sus
propios ciudadanos.
El origen del problema al que hoy muchos
asisten como testigos sorprendidos, es que esta región donde la ideología
integrista avanzó y se afianzó exitosamente en distintos países fue convertida
absolutamente en disfuncional en toda su extensión y, bajo cualquier estándar
conocido por el mundo moderno.
Y lo cierto es que: “la región hubiera sido
disfuncional aunque Israel se hubiera integrado a la Liga Árabe y una Palestina
independiente hubiera existido desde hace 70 años”.
Los 22 países miembros de la Liga Árabe, desde
Mauritania hasta los Estados del Golfo, tienen una población total de unos 500 millones
de personas, casi tan grande como la Unión Europea antes de su expansión y,
ocupan un área mayor que los EE.UU. o que toda Europa.
Estos 22 países, con todos sus recursos
naturales y el petróleo, tienen un Producto Nacional Bruto (PNB) menor que el
de los Países Bajos más Bélgica e igual al de la mitad del PNB de -solamente-
el estado de California. Dentro de este exiguo PNB, las brechas entre ricos y
pobres exceden la credibilidad y comprensión de un ser humano normal y bien
intencionado. Allí, demasiados ricos acumularon su dinero no por triunfar en
los negocios sino por ser gobernantes corruptos.
El estatus social de las mujeres es mucho peor
de lo que era en el Mundo Occidental hace 200 años.
Los derechos humanos están por debajo de
cualquier estándar razonable a pesar del grotesco ex presidente iraní, Mahmoud
Ahmadinejad, quien sostuviera cándidamente en su discurso de 2011, en la sede
propia de la ONU su discurso más ridículo señalando que en Irán “no había
prostitutas, ni existía tal cosa a la que denominar homosexualidad”.
Según el informe preparado por un comité de
intelectuales árabes y publicado bajo los auspicios de Naciones Unidas en El
Cairo, antes que Mubarak sea destituido por los islamistas de la Hermandad
Musulmana, el número de libros traducidos por el mundo árabe entero era mucho
menor que el traducido por apenas la pequeña Grecia.
Todo esto está sucediendo en una región que
hace apenas 40 años la OPEP consideraba como la segunda zona más rica del
planeta y, dentro de un área mayoritariamente musulmana que desarrolló en algún
momento de la historia una de las culturas más avanzadas del mundo.
Si lo desea, usted está en derecho de
preguntarse: entonces, ¿por qué esto está sucediendo?
También es un hecho que casi todos los gobiernos
en la región culpan de esta situación a los EEUU, a la civilización occidental,
al judaísmo, al budismo, a todos y a todo, “excepto a ellos mismos”.
¿Conoció Usted algún presidente o funcionario
importante de algún gobierno árabe que haya hecho una sincera autocrítica sobre
estos temas?
¿Puede usted mencionar algún presidente árabe
que haya reconocido el fracaso de su gestión de gobierno?
Pues por más que busquemos en la historia no
encontraremos más que el acto de valentía y visión estratégica del presidente
egipcio Anwar el-Saddat, claro que ello lo llevo a su propia muerte; fue
asesinado por la Hermandad Musulmana egipcia por firmar la paz con los
israelíes.
Justo es decir, también que en esa región
viven millones de personas decentes, honestas y buenas, que son musulmanes
devotos o que no son muy religiosos.
Hoy, muchos de ellos son víctimas por partida
doble de un mundo exterior que, a partir del avance de grupos islamistas, está
desarrollando rechazo hacia ellos por el solo hecho de ser árabes. Estas
personas, también son, y debe ser dicho, victimas de su propio hábitat que les
divide el corazón por ser total y absolutamente disfuncional.
La situación a tener en claro es que la vasta
mayoría silenciosa de los musulmanes no forman parte del terror y de la
incitación, pero tampoco se manifiestan en su contra.
Esto hace que muchos ciudadanos en Occidente,
equivocadamente, los consideren cómplices por omisión y esto aplica al
liderazgo político, a intelectuales, hombres de negocios y a muchos otros que
ignoran que la inmensa mayoría de los musulmanes son absolutamente capaces de
diferenciar entre el bien y el mal; pero están condicionados y tienen miedo a
expresar sus puntos de vista por diferentes y conocidas razones.
La persecución, el encarcelamiento, el
secuestro, la tortura y el asesinato es muy común entre aquellos que se
manifiestan públicamente en contra del yihadismo en sus países.
Los eventos de los últimos años han disparado
situaciones que siempre han existido en el mundo árabe, no son situaciones
nuevas o desconocidas. Aunque nunca han estado tan desenfrenadas como en la
actual agitación regional.
Usted como lector podrá escoger y formar su
opinión sobre el tema.
Sin embargo, debe saber que pasarán unos
cuantos años antes de que el mundo reconozca que estamos inmersos en una guerra
de las ideas que ya ha manifestado no pocas y brutales acciones militares.
Usted podrá tomar su propia posición al
respecto, podrá negarlo o aceptarlo, ese no es mi problema.
Mi obligación es contribuir a que lo piense,
pues ya estamos bien metidos en esa guerra.
Y mientras más demore el mundo y la opinión
pública en reconocerlo, más cruenta será esa confrontación en el costo de vidas
humanas.
Israel no es el problema.